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En años recientes se ha
descubierto que el hombre también cuenta con un ‘sitio estratégico’ de
sensibilidad extrema que si se sabe explorar y estimular, puede volverlos locos
de placer, alcanzando orgasmos de dimensiones superlativas
Cuando se habla del punto G
masculino, nos estamos refiriendo a su próstata. Una glándula, del tamaño aproximado
de una nuez, que los hombres tienen en el interior de su vientre, bajo la
vejiga, que aporta una buena parte del contenido líquido del semen en cada
eyaculación.
Existen allí
gran cantidad de terminaciones nerviosas que
hacen a esta zona absolutamente sensible y muy erógena.
Hay una forma de estimular
el punto G masculino externamente, es presionando o masajeando la zona que va
desde el ano hasta los testículos.
Puede accederse a la
próstata a través del ano. Introduciendo un dedo cubierto con un condón
lubricado, o para los más osados, también juguetes sexuales. A algunos hombres
les gusta que estimulen su próstata una vez que están con una erección
completa, mientras que otros sienten que la estimulación prostática incrementa
su erección y los conduce al mejor orgasmo que han experimentado en sus vidas.
Hay casos en los que los hombres ni siquiera necesitan estimulación en sus
penes, porque el placer que viene del masaje prostático es suficiente para
producirles un orgasmo.
Naturalmente, si una pareja
ya se encuentra manteniendo un encuentro íntimo, y como consecuencia de la
excitación él ya tiene una erección, con ese suave masaje puede conseguirse que
la rigidez del pene se haga más firme. Lo que unido al estímulo que supone el
propio dedo sobre el esfínter anal (rico en esas mismas terminaciones
nerviosas), puede ocasionar un incremento del placer erótico del hombre. Pero,
cualquier masaje, suave o intenso, de la próstata debe realizarse con sumo
cuidado.
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